La Asociación Cultural “Dionisio Alcalá-Galiano”, publica en esta sección todos los trabajos que se han llevado a los diferentes congresos y jornadas que han tenido como centro a Dionisio Alcalá-Galiano.

archivoalcala


LOS RELATOS DE VIAJES: DIONISIO ALCALÁ-GALIANO Y SU PERIPLO CANADIENSE PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrador   
Domingo, 14 de Junio de 2009 18:39

 

Por el Profesor Dr. Ángel López de Carleton University, Ottawa

14 de septiembre de 1992. Círculo de la amistad de Cabra, dentro de las “Jornadas Internacionales dedicadas a Dionisio Alcalá-Galiano”  con motivo de II Centenario del Descubrimiento de Isla Galiano en Canadá.Las Jornadas dieron comienzo este día a las 20,30 horas con una recepción por el Comité Organizador y Autoridades, Presentación de los conferenciantes por el Dr. Bernard Dietz, Catedrático y Presidente  de la Asociación Española de Estudios Canadienses y Por D.ª Mercedes Palau Baquero, Coordinadora General de las Jornadas Internacionales sobre Malaspina y de la Comisión Nacional V Centenario.

Otro andaluz, Antonio Machado, expresó poéticamente la derrota de la condición humana: Caminante/ no hay camino/ se hace camino al andar.

    Derrota, derrotero son vocablos que proceden de la vocación andaluza marinera y mediterránea de hacer caminos sobre la mar, y que sustentan la “Relación del viaje hecho por las Goletas Sutil y Mexicana en el año de 1792 para reconocer el estrecho de Juan de Fuca” de Dionisio Alcalá-Galiano, natural de Cabra (Córdoba) y tío abuelo del autor de Pepita Jiménez.

    La historia de las palabras y de la semántica es como el engaño a los toros, tan bético por otra parte.

    Itinerario es palabra de tierra a dentro si derrota es ruta marinera. Que ahora ésta se use como sinónimo de fracaso son alevosías feudales y guerreras por el dominio de la tierra frente al horizonte liberador de los derroteros marinos. Al mar de las naves no se le ponen espuertas pero a las carreteras de las carretas se las codifica con las señales de circulación. Algo de esto cantó Espronceda en ese poema a la libertad que aprendimos de niños, “La canción del pirata”, que bien podría ser en un sentido una bella metáfora de Dionisio Alcalá-Galiano, de su vida y de su navegación por todos los mares.

Los relatos de viajes

     Toda lectura es una aventura en las velas de la imaginación. Acabo de regresar de un maravilloso crucero por el Pacífico en la nave Sutil comandada por Dionisio Alcalá-Galiano quien, en estos momentos, precisamente hoy, hace dos siglos, se encuentra de regreso del estrecho de Juan de Fuca, tras cinco fantásticos meses de navegación, en el Puerto de Monterrey.
    Pilotados por el timón de su pluma hemos experimentado peripecias increíbles, conocido mares y cielos ignotos, paisajes vírgenes, pueblos maravillosos, gustado sabores exóticos, tierras fabulosas, compartido zozobras y bonanzas, esperanzas e inquietudes, hambre y banquetes, sed de agua y palabras de vino..., y, especialmente, hemos enriquecido nuestro espíritu con el trato liberal y humano, sabio y sobrio, generoso y alentador de nuestro comandante Galiano, quien nos hizo sentir hijos de una familia humana y humanitaria, gobernada por la paz, la justicia y la armonía.

    La Relación de Alcalá-Galiano adopta el curso narrativo de los relatos de viajes, de tan larga tradición literaria.

    En realidad, toda vida humana, como la historia, es un derrotero hacia mares ignotos. En el primer gran libro de nuestra cultura Occidental, la Biblia, la criatura humana es presentada como viandante. Los Reyes Magos siguieron la ruta celeste de una estrella para arribar al puerto salvador de su ruta. Esta evocación de los Magos me vino asociada por la lectura de un pasaje poético y enternecedor de Alcalá-Galiano.
 
    En el texto bíblico se dice que la vida pasa en un abrir y cerrar de ojos. Esta imagen la recogió Rubén Darío y la repoetizó más tarde Vicente Aleixandre en aquel poema que tituló “Entre dos oscuridades, un relámpago”, como síntesis del curso vital humano. Pues bien, en una noche de tormenta, de total oscuridad amenazadora, abandonados al azar de las fuerzas de la naturaleza, escribe Alcalá-Galiano:

    “A la una de la noche experimentamos una turbonada que nos puso en bastante riesgo... siendo tanta la fuerza del viento... y la mucha lluvia que se apagaron todas las luces, y en tal estado deseábamos con ansia la claridad de un relámpago, como único medio de ver los rumbos de la aguja, y de maniobrar como convenía para no dar contra las Islas, ni abordarse unos con otros...”

    Por otra parte, los relatos de viajes ejemplifican la esencia viandante de la vida humana: desde la investigación científica a la fe religiosa, todo relato es una aventura a lo desconocido y esto es en realidad lo que se expresa en la literatura de todos los pueblos: una búsqueda de caminos liberadores en el mapa del destino individual y colectivo.
    Para catastrar, según mis fines, la Relación de Alcalá-Galiano, evocaré solamente dos estelares obras, una de un periplo marinero y otra de un andante terral, para usar de un término tan querido a nuestro autor: La Odisea y el Quijote. Ambas coinciden en navegaciones y rutas, en impulsos y motivaciones, en rumbos y recorridos, en derrotas e itinerarios. Ulises en el mar, D. Quijote en tierra, escollos y molinos, Penépole y Dulcinea.

      En este contexto, salvadas las distancias, ubico la Relación de Alcalá-Galiano. Su discurso traza la cartografía de un ideal humano al servicio de la patria y de la ciencia, de las relaciones humanas y del bienestar universal. Unos podrán leerla como fuente de conocimientos científicos, otros, con  la misma legitimidad lo hacemos desde un horizonte literario, en el que un héroe, Alcalá-Galiano, protagonista y narrador, sufre, siente, espera, se ilusiona, actúa, se lamenta, goza y lucha por arribar a buen puerto, en medio de peligros y dificultades y que si épicamente triunfa, como Alonso Quijano, se resigna a la desilusión de que por Fuca el Pacífico no comunica con el Atlántico.

    El texto se organiza según tres paralelos y tres meridianos secantes que tejen la urdimbre del discurso:

    1.- Preparación del viaje, esperanza.
    2.- El viaje, ilusión-desilusión.
    3.- El regreso y el fracaso relativo con la satisfacción de una misión cumplida y
         el beneficio para la posteridad.

    Incluso se puede detectar un plan preconcebido de la narración pues él mismo señala y descubre con expresiones como más adelante diremos.

    Pero hay más. El narrador adopta la primera persona del plural con la doble significación destacable de hacerse portavoz del grupo como empresa colectiva y la identificación con el medio adverso de la acción narrativa:

    “pensamos, dejándonos, quedamos, nuestro amigo Tetacus, acalorada ya nuestra     imaginación, recompensa a nuestras fatigas, habilitarnos, dejándonos animados,     vencíamos la marea, nuestros deseos”.

    “nos levamos, hicimos vela, ceñimos el viento, caímos en tres brazas, nos llamó     el viento”, etc.etc.

    La disposición capitular sigue una gráfica entre histórica, descriptiva, épica, evocativa y recapitulativa que dan unidad a la Relación.

    Destacamos singularmente el doble plano de la acción  narrativa. Por una parte, los mismos hechos narrados de la navegación, pero lo que más recrea la lectura es la lucha de los personajes con los elementos de la naturaleza hasta el punto que con frecuencia establece un lenguaje coloquial y especialmente el esfuerzo de comprensión de otras culturas y lenguajes.

    Como en una novela, abundan las descripciones que a veces alcanzan niveles poéticos y tiernos: así por ejemplo para describir las conchas y caracoles que: “están vestidas por dentro de una tela de nácar, empañado a veces de un celaje azul vivísimo que las hace vistosas”. Otras veces, la frondosidad de los parajes, las cascadas, el canto de los pajaritos, el aspecto del cielo o del mar y hasta el silencio sonoro de la noche. Abundan también las descripciones fisiológicas y psicológicas de los indios.

    Las informaciones tejen una rica malla de gran poder imaginativo para el lector hasta el punto de que a veces llega a olvidarse de la realidad histórica para entrar en el mundo de la fábula. Marginando observaciones astronómicas, geodésicas, de náutica, hidrografía, ciencias naturales, etc. etc., la riqueza y colorido de los comentarios podrían figurar en la narrativa del realismo mágico de un García Márquez en Cien años de Soledad.

    Por citar ejemplos, se nos habla del sexo de los animales, de los ritos de la primera menstruación de la joven india, del coito entre los indios, de los partos sin dolor, de los efectos del chocolate, de los privilegios de la edad juvenil varonil, de la onomástica cambiante según se cambia de edad o de categoría, de la composición alegórica de los nombres vinculados a leyendas y tradiciones, del trueque de gangas de los ingleses por pieles y mujeres frente a la castidad de los españoles, de la antropofagia, de la poligamia por necesidad de respetar a la mujer en cinta, de animales fabulosos, de las hijas como fuente de riqueza,  pues la esposa debe ser comprada, de como los pobres no pueden por consiguiente casarse, del origen femenino de la raza humana procedente de una primera mujer que en una especie de éxtasis engendra un hijo con el que procreará la especie, de ladridos de perros diferentes de los de los europeos, de ritos, creencias, ceremonias, fiestas y bailes y juegos.

     Rescatamos en la lectura un vocabulario hoy en desuso y de gran fuerza expresiva que, además, supone un idiolecto de los hombres de vocación marinera.

    “hacer aguada, velamos por hacerse a la vela, pañol, pipería, vizcocheras, pedreros, alas y rastreras, lajas, orzar, guindareza, velando, el terral, rolar, restringa, cielo de celajería, carices, almácigos, tesar, verdigones, aparejo de místico, viento turbonado, garrar, suestear el viento, etc. etc.”.  

    Lo mismo cabría decir de la gran capacidad de Galiano para transcribir fonéticamente sonidos extraños, o de su gran oído musical para diferenciar bemoles nunca percibidos.

    Porque tengo que elevarme a la estatura humana, moral, social y cívica de Alcalá-Galiano, no puedo extenderme en otros aspectos que probarían la calidad literaria de la Relación.

    Desde su escritura, sin recurrir a fuentes y datos, podemos diseñar el perfil humano de este ilustre hijo de Cabra. Los comentarios, disgregaciones, reflexiones, juicios morales y cívicos, sus opiniones sobre la vida, la historia, los países, los acontecimientos, las civilizaciones y la cultura, sobre la ciencia, la sociedad, las leyes, la religión y la justicia, las relaciones humanas, dan como resultado un perfecto retrato del hombre de la ilustración, liberal y humanitario, ávido de saber y conocer, equilibrado, animado de la utopía de compartir una fraternidad humana basada en el respeto, el trabajo, la colaboración, la amistad y la lealtad.

    Así pues, no era mi objetivo estudiar las grandes dotes humanas y científicas de Alcalá-Galiano, sus aportaciones al mejor conocimiento de mares y cielos y gentes, su perspicacia y visión de futuro, su generosidad y buen hombría.

    Su periplo por tierras canadienses si benefició a Canadá, fue enriquecedor para la cultura europea.
    
    Sí he pretendido rescatar para la literatura su hermosa Relación del viaje hecho por la Goletas Sutil y Mexicana hace ahora dos siglos.


Ángel López.

Última actualización el Domingo, 14 de Junio de 2009 19:06