La Asociación Cultural “Dionisio Alcalá-Galiano”, publica en esta sección todos los trabajos que se han llevado a los diferentes congresos y jornadas que han tenido como centro a Dionisio Alcalá-Galiano.

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DIONISIO ALCALÁ-GALIANO: UN EGABRENSE INSIGNE PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrador   
Domingo, 14 de Junio de 2009 18:58
Por el Dr. John Kendrick, Ingeniero e Historiador de Vancouver.
 
14 de septiembre de 1992. Círculo de la amistad de Cabra, dentro de las “Jornadas Internacionales dedicadas a Dionisio Alcalá-Galiano”  con motivo de II Centenario del Descubrimiento de Isla Galiano en Canadá. Segunda conferencia pronunciada este mismo día la cargo del Dr. John Kendrick, Ingeniero e Historiador de Vancouver sobre “Dionisio Alcalá-Galiano un Egabrense Insigne”. Salón de Espejos del Círculo de la Amistad de Cabra.
 
A principios del siglo XVII, se fundó en Cabra la familia Alcalá-Galiano, con el casamiento de Francisco Alcalá y María Galiano, ambos descendientes de familias que habitaban en la ciudad desde la edad media. Entre los muchos personajes distinguidos de esta Casa, quizás nadie es más insigne que Dionisio Alcalá-Galiano, nacido en Cabra el 8 de octubre de 1760. Solamente una bala inglesa que le mató en Trafalgar evitó que el Brigadier Alcalá-Galiano consiguiera los grados más altos en la Armada donde sirvió desde la edad de quince años.

    No voy a hablar mucho de su vida, porque probablemente Vds. la conocen más que yo. Hablaré de sus viajes, y particularmente de la circunstancia del viaje de 1792, cuando Alcalá-Galiano, entonces Capitán de Fragata, navegó las “Costas Septentrionales de las Californias”, hoy la costa occidental del Canadá. Fue la última exploración española de estas costas, y quizás la última exploración de los españoles en cualquier océano. La época de exploración de los océanos del mundo estaba casi terminada.

    Alcalá-Galiano entró en la compañía de Guardias Marinas de Cádiz en 1775. Unos diez meses después de su asiento de plaza, embarcó en una fragata, destinada a acompañar los convoyes hasta América del Sur. La guerra contra Portugal continuó hasta el año de 1783, y solamente después de la Paz de San Idelfonso en ese año pudo Alcalá-Galiano proseguir sus estudios en astronomía, ciencia de su primer interés. Antes de acabar el curso, recibió órdenes de reunirse con la escuadra de Vicente Tofiño, que entonces estaba levantando la primera carta completa de las costas ibéricas. Aunque su nuevo destino no le permitió acabar sus estudios formales, los trabajos con el gran hidrógrafo Tofiño fueron la base de su profesión en cartografía, profesión que Alcalá-Galiano practicó durante la mayor parte de su servicio en la Marina.

    En 1788, Alcalá-Galiano propuso a las autoridades un viaje cartográfico a las costas de la actual Argentina y de Chile, donde las cartas eran incompletas e inexactas, como Alcalá-Galiano había averiguado en un intento sin éxito de levantar una carta del Estrecho de Magallanes, cuando servía con el Capitán  Antonio de Córdoba y Lazo. No se aceptó la propuesta, porque al mismo tiempo, Alexandro Malaspina y José de Bustamante estaban en curso de preparar el plan de un viaje político-científico alrededor del mundo. En este plan, entre las ciencias se hallaba la cartografía, no solamente de las costas patagónicas propuesto por Alcalá-Galiano, sino una mayor parte de las costas americanas, y de las islas del Océano Pacífico. Aceptado este plan por el Ministro de Marina, Malaspina invitó a Alcalá-Galiano para que se incorporase al viaje como oficial de la  Atrevida, la corbeta mandada por Bustamante. Desde su salida de Cádiz a fines de julio de 1789, Alcalá-Galiano se ocupó de sus trabajos como navegante y cartógrafo. Desde su llegada a la costa de América del Sur, empezó a levantar las cartas de la Costa, trabajo que continuó hasta el fin de su participación en el viaje.

    Cuando las dos corbetas de la expedición Malaspina llegaron a Acapulco en abril de 1791, Malaspina recibió órdenes de buscar el mítico Estrecho de Anian o Estrecho de Ferrer Maldonado, en la latitud de sesenta grados. Se suponía que dicho estrecho conectaría con el Océano Atlántico. Al mismo tiempo, los buques del establecimiento español en Nootka harían la búsqueda de un fuego fatuo, el Estrecho de Fuca, que se suponía conectar a dicho océano en la latitud cuarenta y ocho grados. El actual Strait of Juan de Fuca, está en aquella latitud, pero como sabemos, no conduce al Atlántico. Malaspina ordenó a Alcalá-Galiano que permaneciera en México mientras que la expedición perseguiía el otro fuego fatuo de Anian. La tarea de Alcalá-Galiano en México era arreglar las cartas hechas por la expedición hasta entonces y continuar las observaciones astronómicas, mientras que las corbetas viajaban al norte. En México Alcalá-Galiano tuvo que presentarse al virrey, el Segundo Conde de Revillagigedo.

    Francisco de Eliza mandaba el reconocimiento procedente de Nootka. Su piloto le informó que en la costa oriental del canal había dos islas, y atrás de ellas un ancho canal que Eliza nombró el Canal de Floridablanca. Eliza, en un informe dirigido al Virrey, escribió:

    “Aseguro a V.E. que el paso al Océano (Atlántico) que con tanto anelo buscan     sobre esta costa las naciones extrangeras, si es que lo hay, me parece no hallarse     por otra parte. O está, pienso, por este Gran Canal, o es continente”.

    Era evidente que debían hacer otra exploración.

    Referente a Alcalá-Galiano, su destino en México fue la tercera vez que interrumpió su carrera. La primera vez fue cuando las exigencias de la guerra impidieron completar sus iniciales estudios navales. Después, Tofiño requirió sus servicios para levantar la carta de la costa española, y ahora Malaspina exige que su mejor hidrógrafo deje el viaje alrededor del mundo.

    No obstante, las tres interrupciones beneficiaron a Alcalá-Galiano. En la primera, el servicio en mar en tiempo de guerra, sin duda ayudó a su promoción. Después, su formación bajo Tofiño ayudó en su selección por Malaspina. Ahora, gracias a su estancia en México, el Virrey llegaría a conocer sus méritos.

    Malaspina regresó a Acapulco en octubre de 1791, sabiendo que el reconocimiento del actual Estrecho de Fuca no estaba acabado. Sabiendo que el Virrey había recibido órdenes para completar dicho reconocimiento, Malaspina propuso al Virrey encargar el destino a Alcalá-Galiano y a Cayetano Valdés quienes tenían los instrumentos necesarios, en lugar de los oficiales del Departamento de San Blas, como había previsto el Virrey. El Conde de Revillagigedo, conociendo la aptitud de Alcalá-Galiano contestó:

    “Le hubiera preferido con el mayor gusto, no sólo por la mejor proporción que     tiene de poseer los instrumentos necesarios, sino también por las mayores luces     y conocimientos modernos que en él concurren.”

    Así  empezó “El Viaje Hecho por las Goletas Sutil y Mexicana en el año 1792 para reconocer el Estrecho de Juan de Fuca”, así llamado en la Relación publicada del viaje. Alcalá-Galiano mandó el primero de esos buques, y Valdés el segundo. Este viaje es famoso, no solamente por los descubrimientos hechos en los canales de Fuca, sino por la publicación de la Relación, en 1802. Aunque la publicación apareció diez años después del viaje, fue la única narración de una parte del gran viaje de Malaspina publicado por España hasta 1885. No tenemos bastante tiempo hoy para relatar la tragedia de Malaspina. Brevemente, las rivalidades políticas resultaban en su arresto y condena a diez años de prisión. Después del arresto de Malaspina, todos los documentos del viaje fueron embargados. En 1798 se publicó en Inglaterra la narración del viaje de George Vancouver, y el Rey de España, Carlos IV, (o quizás sus ministros) decidieron publicar cualquier narración de las exploraciones españolas. El viaje de la Sutil y Mexicana se eligió porque probablemente, Malaspina no estuvo abordo, y pudieron publicarlo sin mencionar el nombre del “comandante de las corbetas” como se referían a Malaspina después de su prisión.

    De este modo, Alcalá-Galiano se halló al mando de la Sutil con Cayetano Valdés en la Mexicana. El 8 de marzo de 1792, dieron la vela, y salieron hacia Nootka, al norte del estrecho de Fuca reconocido en parte por los buques del Departamento de San Blas en los años pasados. Los peligros del mar se manifestaron  un mes después. En su diario Alcalá-Galiano escribió:

    “(El 14 de abril) navegamos con alas y rastreros con el gusto de empezar a     recuperar los atrasos de nuestra navegación; pero a las dos de la tarde tuvimos la     avería, de que la Mexicana rindió su palo mayor a los seis y media piés de la     encapilladura; este accidente se presentó al principio bajo del mal aspecto, de no     conseguir a nuestra llegada a Nutca donde devíamos dirigir...”

    Siguieron tres días con ráfagas de mar gruesa, y finalmente Alcalá-Galiano pudo ayudar a la Mexicana armando una bandola, y después las dos goletas navegaban a Nootka sin otro accidente. He contado esto para que Vds. entiendan cualquiera de los problemas de un viaje en buques tan pequeños y frágiles. En tal buque Alcalá-Galiano había de  explorar los canales desconocidos por la llamada “gente de razón” como se dice de los europeos. Felizmente había unos indios “de razón” habitando los interiores de Fuca quienes guiaban a los españoles de tiempo en tiempo.

    En Nootka existe un establecimiento español , donde se habilitaban las goletas, metiendo un nue palo mayor y nuevas vergas en la Mexicana, con el aparejo requerido. Se trata de una tarea considerable para un astillero, pero en tres semanas estuvo acabado, y las goletas dieron la vela y salieron para su destino en Fuca, la Mexicana con un árbol y con vergas de abeto canadiense.

    No voy a seguir el viaje prolijamente; repasaré unos incidentes que son  o importantes  o interesantes. En términos del destino de3l viaje, hubo dos resultados. En primer lugar, demostraron finalmente que no existía el pasaje al Océano Atlántico. Además navegaban alrededor de la actual Vancouver Island, considerada hasta este tiempo como una parte del continente. Alcalá-Galiano escribió:
 
    “Llegamos a Nutca a los quatro meses menos quatro días de nuestra salida de     aquel puerto, ocupando todo aquel tiempo en reconocimientos, que solo pueden     servir para satisfacer la curiosidad, y deducir consecuencias filosóficas, pero de     ningun modo para la utilidad de los navegantes”.

    Se puede ver que para Alcalá-Galiano, los filósofos deben quedar sentados “sous les ponts de Paris” donde no podrían enviar los navegantes en viajes sin “utilidad”. Sin embargo, estamos todavía interesados en el viaje de la Sutil y Mexicana. Poniendo aparte el destino del viaje, los encuentros de Alcalá-Galiano con los capitanes ingleses, en primer lugar William Broghton, y después George Vancouver  fueron las primeras reuniones entre las Marinas de España y Gran Bretaña en la Costa Septentrional. Podemos confrontar los diarios ingleses y españoles, porque durante algunas semanas trabajaban juntamente. La amistad entre nuestros dos países empezó a partir de ese momento, aunque el Canadá no existió como un país hasta el siglo diez y nueve.

    La otra ocurrencia del viaje que quiero mencionar tuvo lugar entre los dos encuentros con los buque ingleses. Buscando el llamado Canal de Floridablanca, descubrieron que era la boca de un gran río, el actual Fraser River. La corriente saliendo de este río y el viento terral, obligó a las goletas que se dirigiesen al oeste, donde pudieron ver la tierra. Por la tarde, llegaron sobre esta costa, y fondearon en quince brazas, en un lugar que llamaron solamente “El Anclage”. No sabemos la situación exacta de este, pero fue en la costa oriental de la actual Isla Galiano.

    Ni los ingleses ni los españoles supieron que esa tierra era una isla. Alcalá-Galiano, buscando un pasaje al Atlántico no persiguió un examen de la costa occidental del Gran Canal, y Vancouver no lo visitó, contando con los exploradores españoles. En la década a partir de 1850, el gobernador James Douglas comprobó que la costa suponido estar continua fue una cadena de islas, y en 1859 el hidrógrafo Captain Richards llamó a la isla con el nombre del explorador que había fondeado allí hacía sesenta y siete años.

    No obstante, hoy en día el mérito principal del viaje está en la noticias de la gente indígena, a momento del primer contacto entre ese Mundo Nuevo y el de Europa. Para ese momento, hemos de consultar el diario original de Alcalá-Galiano, porque la Relación publicada en 1802 ha sufrido algunas transformaciones, posiblemeente por Vargas Ponce. Este Oficial, o quizás otra persona, sustituyó los “sauvages nobles” según el modelo de Jean-Jacques Rousseau, en lugar de los indios reales quienes Alcalá-Galiano describió. Por esta razón, mi propia traducción en inglés de la narración del viaje está basada en el manuscrito original, y no en la Relación de 1802.

    No existe la menor duda que Dionisio Alcalá-Galiano es un hijo insigne de las dos casas de Alcalá y de Galiano, de su ciudad natal, y por supuesto de España.

John Kendrick


    Con esta conferencia concluyó el primera día de las Jornada Internacionales dedicadas a Dionisio Alcalá-Galiano con motivo del II Centenario del Descubrimiento de Isla Galiano en Canadá.

    Ese día se inauguró una exposición de Cartografía de Alcalá-Galiano del Instituto Hidrográfico de la Marina (Cádiz), que fue dirigida y explicada por D. José M.ª Cano Trigo, Cartógrafo de la Armada y Ex-Jefe del Servicio Histórico del Instituto Hidrográfico de la Marina.

    Con el fin de homenajear a conferenciantes e invitados se concluyó con un concierto interpretado por la Orquesta y Coros del Centro Filarmónico Egabrense.
Última actualización el Domingo, 14 de Junio de 2009 19:04